La Calderona 2

junio 25th, 2007

La Calderona

Ella debe estar actuando un fragmento de Calderón.
Luego un fragmento de Lope.

O quizás los dos fragmentos son uno solo.
Y en la oscuridad.
Su actuación debe ser a oscuras. Y debe ser excelente.
El gran teatro del mundo debe abrirse ante nuestros ojos en la oscuridad de la sala.
En el punto culminante de la actuación debemos ver a través de un intenso pero pequeño rayo de luz que ilumina la cara de un hombre cautivado, conmovido, maravillado, es decir, que lo primero que tendríamos que ver es la catarsis del espectador. ¡uf!
Felipe IV
Este es el hombre, que es un rey.
No ha dormido en tres noches, está crudo, trasnochado, hambriento, viviendo pues las contradicciones del Barroco en carne propia.
Está harto del poder, harto de los lamehuevos, harto de la corte.
Está harto de la bancarrota, del imperio que se derrumba y de su reina francesa.
Está encubierto.
Fue llevado ahí sin su consentimiento.
Fue secuestrado por el Conde Duque de Olivares.
Conde Duque de Olivares
Este es el Conde Duque de Olivares.
Es noble, pero es orgulloso, irascible, AMBICIOSO.
Es la mano derecha del rey, su amigo más cercano, su consejero, lengua de vibora, lo conoce desde que subió al trono a los 16 años. Sabe que en el teatro nadie los escuchará. Esa noche actúa María Inés, la obra del momento, la actriz del momento.
Mucho más que eso, el Conde Duque espera amarrar dos pájaros de un solo tiro. La Calderona, como se conoce a María Inés, es amante de su yerno, Don Ramiro, a quien debe sacar de la corte lo más pronto posible para evitar un escándalo.
Así el Conde Duque tiene planes para la función: convencer al Rey que

Felipe IV por Velázquez

Velázquez fue su pintor; Calderón, su dramaturgo, y en su reinado, Cervantes publicó el ‘Quijote’. Una exposición en el Museo del Prado celebra el cuarto centenario del nacimiento de Felipe IV (1605-1665), el monarca coleccionista y mecenas al que comparaban con el Sol.
El año en que muere Felipe IV, 1665, el dramaturgo Pedro Calderón de la Barca había escrito su auto sacramental El viático cordero. La escena inicial está protagonizada por una custodia en forma de Sol, de la que irradian las Horas, que van marcando la vuelta al mundo a manos de la Geografía. Llevan unas grandes letras que, al unirse, permiten leer la frase “La fe pide ser tuya”. En realidad es un criptograma, y para descifrarlo tendrán que disponerse en otro orden, el que les va a ir marcando el giro terráqueo. Al final, cuando recorren aquellos dominios donde no se pone el sol, las letras se han recombinado, componiendo la leyenda “Felipe de Austria”.
“Soy yo el que ha pecado, y no mis vasallos”, escribirá a su confidente religiosa, la monja María Jesús de Ágreda.“Yo tomo el remo”, dirá en 1643, tras 22 años de Olivares.
Porque el Buen Retiro contaba con un Coliseo de Comedias, un teatro subvencionado y de alcurnia, mejor dotado de medios que los populares corrales, que en esencia eran patios de casas aprovechados como lugar de espectáculo. Gracias a ese Coliseo pudo desplegar Calderón complejas alegorías escénicas como la aludida de El viático cordero, con sus copiosas andanadas de endecasílabos y redondillas, sus arduas cuestiones teológicas, ortopédicos andamiajes conceptuales y aparatosas tramoyas.
Sin el refinado gusto del monarca, difícilmente hubiese hecho carrera alguien tan innovador como Velázquez, cuyo trabajo no habría sido admitido en otras cortes menos entendidas en cuestiones artísticas. Y ningún conjunto traduce mejor esa complicidad entre el rey y su pintor que el Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro. Se trataba del aposento de gala, el de mayor rango protocolario, y debía su nombre a los escudos de los 24 reinos vinculados a la monarquía española, que decoraban la parte superior de sus muros.
Velázquez, pues él era el responsable último de la imagen de la monarquía, y entre sus cometidos se contaba la inspección de los retratos del rey, que abundaban por aquel entonces. Se vendían en los talleres de los pintores, e incluso en plena calle. Y una de las obligaciones de Velázquez era examinarlos y aprobar su adecuación y decoro, de modo que la figura regia no sufriera menoscabo en esas reproducciones, que a menudo eran copias de copias, apenas reconocibles por el sucesivo maltrato de los pinceles.
JUAN JOSÉ DE AUSTRIA
Fue criado en secreto, pensando en destinarle a la carrera eclesiástica; pero, por consejo del conde-duque de Olivares, el rey le reconoció en 1642 para suplir la eventual falta de herederos varones. En 1643 fue elevado a la dignidad de príncipe y se le nombró prior de la orden militar de San Juan para los reinos de Castilla y León; sin embargo, el rey rechazó siempre su pretensión de ser legitimado y reconocido como infante.

Empezó a emular las hazañas del primer Juan de Austria con sólo 18 años, cuando fue puesto al mando de la flota enviada a sofocar la revuelta de Nápoles (1647-51). Su crédito aumentó al dirigir el sitio de Barcelona de 1652, que puso fin a la larga guerra de la Corona contra la rebelión de Cataluña, recibiendo el nombramiento de virrey de aquel territorio (1653-56).

Después fue virrey de Flandes (1656-59), tarea en la que obtuvo algunos éxitos frente a los franceses, como el levantamiento del cerco de Valenciennes o la toma de Condé, pero no pudo evitar la pérdida de Dunkerke. Por último, Felipe IV le puso al mando del ejército español que intentaba recuperar el control de Portugal, tarea en la que fracasó (1661-64).

Desde la muerte de Felipe IV (1665) cambió la actividad militar por la política cortesana. A la vista de los problemas sucesorios y de la debilidad en que estuvo la Corona durante el reinado de su hermanastro Carlos II, don Juan de Austria se esforzó por lograr una legitimación que le facilitara el acceso a la gobernación de la Monarquía. Incluso planeó casarse con una hija del rey difunto y alarmó a la rama austriaca de la Casa de Habsburgo con sus poco disimuladas aspiraciones al Trono.
La lucha por el poder le enfrentó a la reina gobernadora Mariana de Austria y a su valido, el jesuita austriaco Nithard. Éstos intentaron apartarle destinándole a Flandes para contener un nuevo ataque francés; pero rechazó el nombramiento (1668). En aquel mismo año fue desterrado al descubrirse su implicación en un complot contra Nithard; antes de ser detenido, huyó a Cataluña y se puso al frente de una fuerza armada, con la que marchó hacia Madrid, forzando la caída de Nithard (1669). No obstante, no se atrevió a atacar la capital y vio cómo el poder quedaba en manos de un nuevo valido, Valenzuela; eludió como pudo nuevos intentos de la reina por alejarle de España destinándole a Flandes (1670) y a Nápoles (1675).

En 1675 regresó fugazmente a Madrid, al cumplir Carlos II la mayoría de edad y llamarle para que le prestara juramento con honores de infante, en una tensa lucha del joven rey para librarse de la regencia de su madre y del poder de Valenzuela; pero fue alejado de la corte enseguida por influencia de la reina madre. Fue la presión de los grandes de España y de los militares la que logró su rehabilitación después de la caída de Valenzuela (1676). Desde que en 1677 se instaló en la corte, dirigió el gobierno de la Monarquía, hasta su muerte. En esos tres años, aparte de ajustar cuentas vengándose de la reina madre y de Valenzuela (al que desterró a Filipinas), sólo cabe destacar la Paz de Nimega (1678), por la que España cedió a Francia amplios territorios.

La Calderona 1

junio 25th, 2007

La Calderona

Oscuro. Se escuchan unos acordes de música distintivamente virreinal, este instrumento de cuerda que es muy agudo.

La historia es muy sencilla: un hombre quiere a una mujer que es de otro. Ella muere. El otro desaparece de escena. Ella regresa, libre pero peligrosa por lo mismo. El hombre hará todo por ella, ella tiene un poder incontrolable, incluso para ella. Él debe terminar destruyéndola.

dissolve existing ways of perceiving the world and one-self

La dramaturgia son los acontecimientos sucesivos estructurados como peripecias que toman la forma de un espectáculo entendido como unión tridimensional de formas, figuras y contenidos en movimiento. Variación de imágenes. El teatro como forma particular de movimiento (Barba, 2002). La dramaturgia otorga y organiza el sentido global de la obra escénica, posibilita que el espectador organice la coherencia del espectáculo mediante la imaginación. La dramaturgia condiciona la cronotopía teatral: el espacio dramático ficticio discursivo donde se producen interacciones entre diferentes lenguajes contextuados configurados como unidad orgánica de formas, contenidos y sentidos en movimiento.

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